Full transcript
0:00Ocho fusiles viejos cortaban la fría
0:02niebla de Lima. Frente al pelotón, un
0:05hombre atado al poste de ejecución
0:08rechazaba la capucha negra y miraba
0:10directamente a los cañones. No temblaba,
0:14solo repetía una verdad. Su verdad, una
0:18que nadie creía, que nadie quería
0:21escuchar.
0:22He cometido muchos delitos, pero este
0:25crimen, este crimen no me pertenece.
0:28Minutos después, un disparo de gracia
0:31cenró con el caso más infame de la
0:33crónica roja peruana. Las autoridades
0:35dijeron que se hizo justicia. Pero medio
0:39siglo más tarde, la ciencia forense
0:41abrió los expedientes clasificados y
0:44descubrió un giro demoledor. El monstruo
0:47que toda una nación condenó jamás
0:50existió.
0:57Septiembre de 1954.
1:00La quebrada de Armendaris no era el paso
1:02urbano que conocemos hoy, sino un tajo
1:06oscuro y desolado entre Miraflores y
1:09Barranco. Dos escolares que caminaban
1:11por la quebrada divisaron un bulto entre
1:14la arena y los desperdicios. Se trataba
1:17del cadáver de Julio Hidalgo Zavala, un
1:20niño de apenas 3 años. La noticia
1:24estalló como pólvora. Lima, sumido en
1:26una histeria colectiva, exigía un
1:29culpable de inmediato. Los forenses
1:32hallaron fracturas en una pierna, un
1:34golpe brutal en el cráneo y tierra en
1:38las vías respiratorias. Había muerto
1:41asfixiado contra el suelo. La policía de
1:44investigaciones tenía prisa por cerrar
1:46el caso y alimentó la peor de las
1:49sospechas. Un rapto macabro con
1:51agresión. No tenían huellas, no tenían
1:54testigos directos, pero tenían a una
1:57ciudad aterrorizada que exigía sangre
1:59para calmar su pánico.
2:03Ella azar puso la primera pieza de este
2:06montaje. Un vendedor ambulante de
2:08turrones, Uldarico Salazar afirmó que un
2:11hombre afrodescendiente le compró dulces
2:14para luego dárselos al menor horas antes
2:17de su desaparición. En los archivos
2:19policiales buscaron un perfil que
2:22encajara con los prejuicios de la época,
2:24encontrándose con la ficha de Jorge
2:27Villanueva Torres, apodado El Negro
2:29Torpedo. Un ladrón de poca monta,
2:32carterista de cantinas y esquinas
2:34oscuras. Bastó ponerlo frente al
2:36turronero para sellar su destino.
2:39Salazar titubió. Cambió su versión más
2:42de 30 veces, pero la presión empujó esa
2:46respuesta deseada. Es él. De la noche a
2:50la mañana, el simple carterista fue
2:52bautizado por la prensa como el monstruo
2:55de Armendaris. La opinión pública ya lo
2:58había juzgado antes del primer golpe de
3:01mazo judicial.
3:05Encerrado en los sótanos policiales,
3:07aislado y sometido a interrogatorios
3:10implacables, Villanueva terminó firmando
3:13una confesión. Horas después ante los
3:16jueces denunció la farsa. Le habían
3:19prometido salvarlo del paredón si es que
3:21admitía la culpa. Además, la autopsia
3:24descartó cualquier tipo de abuso contra
3:27el niño, derrumbando así el núcleo de
3:29este morbo mediático. Pero a la
3:32muchedumbre enardecida no le importaba
3:35estas contradicciones forenses. Ellos
3:37querían un castigo ejemplar. El 8 de
3:40octubre de 1956,
3:43la sentencia cayó como una guillotina.
3:47Pena de muerte. Villanueva gritó,
3:50forcejió y juró por Dios que no era un
3:53asesino de niños. Sin embargo, nadie lo
3:57escuchó. El 12 de diciembre de 1957,
4:01el estado cumplió la condena frente a
4:04decenas de testigos morbosos. Lima por
4:07fin respiró aliviada, creyendo ver
4:10enterrado al demonio.
4:1450 años después, el médico legista
4:17Víctor Maurttoa, quien en su juventud
4:20presenció el fusilamiento de Villanueva,
4:23abrió el informe necroscópico con ojos
4:26del siglo XXI, lo que encontró dejó
4:29descubierto uno de los peores errores
4:32judiciales del continente. Y es que el
4:35patrón de las heridas jamás coincidió
4:38con un homicidio. Primero, el
4:40traumatismo en la pierna. La fractura en
4:43realidad correspondía al impacto directo
4:45del parachoque de un vehículo. Luego, un
4:48golpe en el cráneo. El niño cayó por la
4:51quebrada tras el impacto
4:52automovilístico. Y tercero, la asfixia.
4:56El menor quedó inconsciente boca abajo
4:58sobre la arena suelta tras este golpe
5:00craneal, sofocándose por gravedad y
5:03desamparo. Julio Hidalgo nunca fue
5:06raptado por un monstruo, fue víctima de
5:09un atropello en la pista superior del
5:11acantilado. El verdadero conductor
5:14homicida huyó en la sombra de la noche,
5:17dejando así que el racismo, la histeria
5:20de la prensa y la torpeza policial
5:23construyeran un culpable a la medida.
5:26Jorge Villanueva Torres enfrentó ocho
5:29fusiles sin bajar la cabeza, pagando con
5:32su vida un crimen que nunca existió.
5:39M.